Un fin de semana sin pantallas

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El viernes por la noche dejé el móvil apagado en un cajón. No fue una decisión heroica: llevaba semanas notando que cogía el teléfono sin saber para qué.

Lo que noté

  • Las primeras horas se sienten raras, como buscar las llaves en el bolsillo equivocado.
  • El sábado por la tarde ya leía más de diez páginas seguidas sin interrumpirme.
  • El domingo salí a caminar sin música y me di cuenta de que había olvidado cómo suena mi barrio.

No echaba de menos las pantallas. Echaba de menos tener algo que hacer con las manos.

Lo que me llevo

No pienso repetirlo cada semana, pero sí quiero mantener dos reglas pequeñas: el móvil no duerme en mi habitación y las mañanas empiezan con un libro, no con notificaciones.